Viaje a Machu Picchu en moto!

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Re: Viaje a Machu Picchu en moto!

Notapor Pablito viajero » 19 Nov 2013, 13:43

samurai escribió:Excelente viaje el que se mandaro :aplauso :aplauso

La verdad que anhelo hacerlo también, el noroeste es hermoso, conozco algunos lugares pero me gustaría seguir recorriendo caminos.

Muy buenas las fotos (algunas no se ven) y los videos.


Felicitaciones :bien :dios :dios


Gracias samurai!
Un abrazooo!
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Notapor Pablito viajero » 19 Nov 2013, 19:40

Estuve intentando subir las fotos, pero muchas no cargan y quedan sin subir, por lo que solo subiré los relatos y los videos...las fotos podrán verse cuando termine el blog que estoy armando! :)

Viaje a Machu Picchu en moto, día 5: Uyuni - Oruro

Fecha: 02-04-13
Recorrido: Uyuni (Bolivia) - Oruro (Bolivia)
Distancia: 510 km
Tiempo: 8,15 hs

El otro paraíso

Un nuevo día de viaje nos espera. Dejando atrás Uyuni y su majestuoso salar, tomamos la ruta 5 hacia el este, en dirección a Potosí, para luego seguir hasta Oruro. Hasta hoy creí haberlo visto todo de Bolivia, pero no es así: este país aún tiene mucho para mostrarnos. La ruta es impecable, pareciera que somos los primeros en recorrerla. Los paisajes nuevamente son de ensueño, detrás de cada curva, hay una nueva montaña llena de colores y detrás de cada montaña un nuevo valle o un pequeño pueblito de altiplano. Si bien los vehículos son muy pocos, otro motivo nos mantiene atentos en el camino: los animales sueltos -ovejas, llamas y algún que otro perro- que andan por los costados y cada tanto se cruzan delante de nosotros.

En Agua de Castilla, un pueblito de 1500 habitantes ubicado a 3800 msnm, debemos cargar combustible. Como no hay estaciones de servicio, nos dirigimos a una casa de familia, donde según nos indicaron, es posible conseguir. Una señora de muy poco hablar, trae dos bidones de 10 litros para recargar los depósitos. Mientras llena el tanque de mi Tornado, se distrae y el combustible empieza a rebalsar, empapándome de nafta. La pobre señora no sabe como pedir perdón, a lo que respondo con una sonrisa: -no se preocupe, no es la primera vez que me pasa. La nafta rápidamente se evapora, y apenas me queda un poco de olor en la ropa, nada de qué preocuparme.

Llegamos a Potosí y rápidamente desviamos la ciudad, tomando rumbo hacia el noroeste. Después de unos kilómetros los imponentes paisajes, colmados de montañas rojizas, vuelven a ser protagonistas. Cada vez son más los autos que van y vienen, a la vez que el sol cae. Pasamos por varios peajes, pero solo en uno debemos pagar. Mabe –que viaja con Gabi– paga por ambas motos para ganar tiempo.

Nubes grises

Miro al cielo, que cada vez se muestra más amenazante, con oscuras nubes sobre nosotros en los últimos kilómetros del día. Ya en Oruro, las primeras gotas empiezan a caer, y todavía no hemos conseguido hospedaje: algunos no incluyen cochera o son muy caros, y otros no tienen habitaciones disponibles. Por fin llegamos al indicado. Por primera vez desde que estamos en Bolivia me doy una buena ducha, y lo más importante, el agua está bien calentita.

Caminando por las calles céntricas de la ciudad llegamos a una casa de comidas rápidas, en la que cenamos y brindamos por un nuevo día de viaje que termina, y otro que está por comenzar. Todo listo, todo en orden para afrontar mañana uno de los días más difíciles. Luego de encontrar la salida de esta caótica ciudad, deberemos tomar las rutas más transitadas de Bolivia, cruzar la ciudad de La Paz –otra gran prueba de paciencia-, y luego decidir si vamos Copacabana -que aún permanece cerrado por reclamos de los lugareños- o si seguimos viaje hacia Perú. Tendremos que mantenernos informados y decidirlo sobre la marcha. Por lo pronto, nada mejor que tomar un merecido descanso para recuperar fuerzas.


http://www.youtube.com/watch?v=bcZoCZ2cli4
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Notapor Pablito viajero » 13 Dic 2013, 19:52

Viaje a Machu Picchu en moto: Día 6
Recorrido: Oruro (Bolivia) – Ilave (Perú)
Distancia: 344 km
Tiempo: 11 hs

Para un refresquito

El tránsito en las ciudades grandes de Bolivia se convierte realmente en un caos, y Oruro no es la excepción. Para afrontar uno de los días más difíciles nos levantamos temprano, y tras desayunar y alistar las motos salimos rumbo al norte. La ciudad ya está despierta, y eso quiere decir que tenemos que sortear todo tipo de escollos; desde gente que cruza con carros, hasta motos, autos y colectivos que avanzan o se detienen en donde se les ocurre. Sumado a todo esto, la bocina parece ser un elemento de uso obligatorio para quienes circulan por aquí.
Por la avenida que nos conduce a la salida, una gran feria al aire libre es la atracción –o la oportunidad- del pueblo. Todo se vende y todo se compra; desde frutas y verduras hasta repuestos de vehículos usados. Cuadras y cuadras de un mercado que toma vida junto a la salida del sol. Ya casi descartamos ir a Copacabana, debido a que los cortes de ruta continúan en esa zona. Por ende, el objetivo del día es llegar hasta Puno -también sobre el lago Titicaca pero del lado peruano-.

A media mañana, mientras circulamos por la ruta, nos hacen detener en un control policial. Solicitan nuestros documentos y hablan con Gabriel, hay algo que no me huele bien. Mostrándonos el radar, un oficial nos indica que venimos excedidos de velocidad y que debemos pagar una multa de 200 pesos bolivianos cada uno –al cambio del día algo así como 250 pesos argentinos-. La noticia no nos cae nada bien, sobre todo porque no vimos carteles que adviertan esta reglamentación (la velocidad máxima en Bolivia es 80 km/h) y porque la velocidad que nos muestran grabada en el radar es notablemente mayor a la que circulábamos, pero igualmente estamos en infracción, y sin discutir accedemos a pagar.

Borrón y cuenta nueva. La multa es un golpe a nuestros bolsillos, pero sirve para prestar mayor atención. Unos kilómetros adelante, ya cerca de la ciudad capital, nos vemos envueltos en una situación similar. El procedimiento de parte de la policía es idéntico al anterior; librito en mano con reglamentación vigente, radar con una velocidad grabada de quien sabe que auto -95 km/h-, y quieren cobrarnos una multa por una infracción inexistente.

Gabi explica la situación al policía: -venimos controlando la velocidad con GPS, tiene que haber un error, ya nos han cobrado una multa y no volvimos a excedernos-. Pero el oficial no quiere entrar en razón e insiste en que estamos en infracción.
Al igual que Mabe, yo permanezco inmóvil y nervioso, observo la discusión de cerca y registro todo con mi cámara en el casco, mientras los agentes ni se percatan de esto y siguen adelante con su absurdo discurso: -lo han multado, y sigue usted corriendo ¿cómo es eso? A más de 90 está viniendo señor, usted no mienta-.

Después de unos veinte minutos de palabras que van y vienen, el agente –obedeciendo órdenes de un superior- nos devuelve la documentación retenida, no sin antes volver a intentar obtener un rédito: -les han dado 200 allá, ¿y acá no van a dejar nada?, una “colaboración para un refresquito”. Siento mucha bronca e impotencia al escucharlo y para terminar con esto Gabi le da 20 Bolivianos. Mientras el policía toma el dinero con toda impunidad comenta: -vayan tranquilos, acá no pasó nada…-

Atravesar La Paz agota, el caos vehicular es impresionante. En algunos tramos permanecemos inmóviles, inmersos en un mar de autos, combis, colectivos y gente que va y viene sin respetar ningún tipo de regla. Acá todo está permitido. Mientras el desmedido humo que despiden los vehículos asfixia, las interminables bocinas aturden y estresan.

Ante tanta adversidad, el Lago Titicaca aparece como un regalo. Nos acompaña durante varios kilómetros, calmo y hermoso. Cuando solo está a unos metros del asfalto, nos obliga a detenernos, a contemplarlo… y aprovechamos para tomar aire fresco antes de dejar el país.
En Desaguadero, junto a cientos de turistas de todo el mundo, nos disponemos a llenar los formularios y a presentar los documentos solicitados para ingresar a Perú. Lamentablemente la historia se repite: tanto del lado boliviano como del peruano, somos víctimas del corrupto sistema, que prevé pagar bonos ilegales en concepto de “colaboración”.

Tormenta de bienvenida a Perú

Algunas gotas empiezan a caer mientras el cielo se oscurece. Antes de partir me mandan a llamar de una oficina de Aduana. ¿Y ahora? ¿Qué macana me habré mandado?… pienso por dentro. Nada de eso (por suerte), necesitan que oficie de traductor ante dos parejas inglesas que viajan por Sudamérica en camionetas alquiladas en Argentina, motivo por el cual las nuevas leyes de Perú no les permiten el ingreso. Después de varios minutos mediando entre ambas partes, logramos un acuerdo: las autoridades sellan los papeles para que los turistas ingresen al país, aunque solo por 15 días. Ayudarlos me puso muy feliz y me hizo dejar atrás los malos tragos.

Pocos minutos después de dejar la frontera la lluvia nos alcanza sin vacilar y junto a esta también la noche. Estamos en problemas: la ruta de planicie se convirtió en carretera de montaña, con curvas y contracurvas, que anteceden a los numerosos barrancos. Faltan unos 100 kilómetros para llegar a Puno, y nuevamente nos encontramos con los viajeros ingleses, que decidieron pasar la noche al costado de la carretera. Claro que a ellos les resulta más fácil, ya que sus camionetas están convertidas en motorhome, con todas las comodidades necesarias para aparcar.

No hay pueblos, ni siquiera casas, mientras la lluvia no cesa y los refucilos en la dirección a la que nos dirigimos son cada vez más continuos. Esto es dramático, yendo a 30 km/h. las motos se mueven acompañando los vaivenes de las huellas en el pavimento, llenas de agua. La oscuridad solo es interrumpida por las luces de los vehículos que vienen de frente. -¡Vamos a parar en el próximo pueblo!– le grito a Gabi.
No puede estar pasándonos esto, los pequeños parajes que marca el GPS no tienen electricidad ¡NO HAY LUZ! Sabiendo que nadie nos va a querer atender en una noche oscura y lluviosa, seguimos avanzando, cada vez más despacio, cada vez más mojados y con más frío. Mis lentes están completamente empapados de agua, por lo que se me complica ver la ruta. Aun faltan casi 60 kilómetros para Puno, y a este ritmo posiblemente nos tome unas dos o tres horas completarlos.

Al ver un hombre en la banquina decidimos detenernos. –Disculpe, necesitamos pasar la noche por aquí, ¿podría decirnos en donde parar? ¿Un hotel?- Nos comenta que a 8 kilómetros se encuentra Ilave, y que él va para allá, por lo que se ofrece a acompañarnos. Sí, este hombre es un regalo del cielo, –pensamos los tres en voz alta- ¡No podemos tener tanta suerte! Sentado detrás de mí nos guía hasta el centro de la ciudad y antes de despedirse, nos contacta con los encargados de un hotel a media cuadra de la plaza de armas.

Estamos extenuados, pero felices. Culminamos el día más intenso del viaje, dejando atrás los malos ratos que algún día serán vistos como anécdotas, como parte de un sueño. La ciudad de Puno, por su parte, tendrá que esperar un día más para nuestro arribo.


Video del día
http://www.youtube.com/watch?v=y1GRRKbhuWc

Video de la coima
http://www.youtube.com/watch?v=SkcQkIVr2j0
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Notapor cordobarlz » 13 Dic 2013, 23:49

QUE VIAJEZON! Felicitaciones!!!
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Notapor Pablo de Congreso » 13 Dic 2013, 23:51

Pablito viajero escribió:Viaje a Machu Picchu en moto: Día 6
Recorrido: Oruro (Bolivia) – Ilave (Perú)
Distancia: 344 km
Tiempo: 11 hs

Para un refresquito

El tránsito en las ciudades grandes de Bolivia se convierte realmente en un caos, y Oruro no es la excepción. Para afrontar uno de los días más difíciles nos levantamos temprano, y tras desayunar y alistar las motos salimos rumbo al norte. La ciudad ya está despierta, y eso quiere decir que tenemos que sortear todo tipo de escollos; desde gente que cruza con carros, hasta motos, autos y colectivos que avanzan o se detienen en donde se les ocurre. Sumado a todo esto, la bocina parece ser un elemento de uso obligatorio para quienes circulan por aquí.
Por la avenida que nos conduce a la salida, una gran feria al aire libre es la atracción –o la oportunidad- del pueblo. Todo se vende y todo se compra; desde frutas y verduras hasta repuestos de vehículos usados. Cuadras y cuadras de un mercado que toma vida junto a la salida del sol. Ya casi descartamos ir a Copacabana, debido a que los cortes de ruta continúan en esa zona. Por ende, el objetivo del día es llegar hasta Puno -también sobre el lago Titicaca pero del lado peruano-.

A media mañana, mientras circulamos por la ruta, nos hacen detener en un control policial. Solicitan nuestros documentos y hablan con Gabriel, hay algo que no me huele bien. Mostrándonos el radar, un oficial nos indica que venimos excedidos de velocidad y que debemos pagar una multa de 200 pesos bolivianos cada uno –al cambio del día algo así como 250 pesos argentinos-. La noticia no nos cae nada bien, sobre todo porque no vimos carteles que adviertan esta reglamentación (la velocidad máxima en Bolivia es 80 km/h) y porque la velocidad que nos muestran grabada en el radar es notablemente mayor a la que circulábamos, pero igualmente estamos en infracción, y sin discutir accedemos a pagar.

Borrón y cuenta nueva. La multa es un golpe a nuestros bolsillos, pero sirve para prestar mayor atención. Unos kilómetros adelante, ya cerca de la ciudad capital, nos vemos envueltos en una situación similar. El procedimiento de parte de la policía es idéntico al anterior; librito en mano con reglamentación vigente, radar con una velocidad grabada de quien sabe que auto -95 km/h-, y quieren cobrarnos una multa por una infracción inexistente.

Gabi explica la situación al policía: -venimos controlando la velocidad con GPS, tiene que haber un error, ya nos han cobrado una multa y no volvimos a excedernos-. Pero el oficial no quiere entrar en razón e insiste en que estamos en infracción.
Al igual que Mabe, yo permanezco inmóvil y nervioso, observo la discusión de cerca y registro todo con mi cámara en el casco, mientras los agentes ni se percatan de esto y siguen adelante con su absurdo discurso: -lo han multado, y sigue usted corriendo ¿cómo es eso? A más de 90 está viniendo señor, usted no mienta-.

Después de unos veinte minutos de palabras que van y vienen, el agente –obedeciendo órdenes de un superior- nos devuelve la documentación retenida, no sin antes volver a intentar obtener un rédito: -les han dado 200 allá, ¿y acá no van a dejar nada?, una “colaboración para un refresquito”. Siento mucha bronca e impotencia al escucharlo y para terminar con esto Gabi le da 20 Bolivianos. Mientras el policía toma el dinero con toda impunidad comenta: -vayan tranquilos, acá no pasó nada…-

Atravesar La Paz agota, el caos vehicular es impresionante. En algunos tramos permanecemos inmóviles, inmersos en un mar de autos, combis, colectivos y gente que va y viene sin respetar ningún tipo de regla. Acá todo está permitido. Mientras el desmedido humo que despiden los vehículos asfixia, las interminables bocinas aturden y estresan.

Ante tanta adversidad, el Lago Titicaca aparece como un regalo. Nos acompaña durante varios kilómetros, calmo y hermoso. Cuando solo está a unos metros del asfalto, nos obliga a detenernos, a contemplarlo… y aprovechamos para tomar aire fresco antes de dejar el país.
En Desaguadero, junto a cientos de turistas de todo el mundo, nos disponemos a llenar los formularios y a presentar los documentos solicitados para ingresar a Perú. Lamentablemente la historia se repite: tanto del lado boliviano como del peruano, somos víctimas del corrupto sistema, que prevé pagar bonos ilegales en concepto de “colaboración”.

Tormenta de bienvenida a Perú

Algunas gotas empiezan a caer mientras el cielo se oscurece. Antes de partir me mandan a llamar de una oficina de Aduana. ¿Y ahora? ¿Qué macana me habré mandado?… pienso por dentro. Nada de eso (por suerte), necesitan que oficie de traductor ante dos parejas inglesas que viajan por Sudamérica en camionetas alquiladas en Argentina, motivo por el cual las nuevas leyes de Perú no les permiten el ingreso. Después de varios minutos mediando entre ambas partes, logramos un acuerdo: las autoridades sellan los papeles para que los turistas ingresen al país, aunque solo por 15 días. Ayudarlos me puso muy feliz y me hizo dejar atrás los malos tragos.

Pocos minutos después de dejar la frontera la lluvia nos alcanza sin vacilar y junto a esta también la noche. Estamos en problemas: la ruta de planicie se convirtió en carretera de montaña, con curvas y contracurvas, que anteceden a los numerosos barrancos. Faltan unos 100 kilómetros para llegar a Puno, y nuevamente nos encontramos con los viajeros ingleses, que decidieron pasar la noche al costado de la carretera. Claro que a ellos les resulta más fácil, ya que sus camionetas están convertidas en motorhome, con todas las comodidades necesarias para aparcar.

No hay pueblos, ni siquiera casas, mientras la lluvia no cesa y los refucilos en la dirección a la que nos dirigimos son cada vez más continuos. Esto es dramático, yendo a 30 km/h. las motos se mueven acompañando los vaivenes de las huellas en el pavimento, llenas de agua. La oscuridad solo es interrumpida por las luces de los vehículos que vienen de frente. -¡Vamos a parar en el próximo pueblo!– le grito a Gabi.
No puede estar pasándonos esto, los pequeños parajes que marca el GPS no tienen electricidad ¡NO HAY LUZ! Sabiendo que nadie nos va a querer atender en una noche oscura y lluviosa, seguimos avanzando, cada vez más despacio, cada vez más mojados y con más frío. Mis lentes están completamente empapados de agua, por lo que se me complica ver la ruta. Aun faltan casi 60 kilómetros para Puno, y a este ritmo posiblemente nos tome unas dos o tres horas completarlos.

Al ver un hombre en la banquina decidimos detenernos. –Disculpe, necesitamos pasar la noche por aquí, ¿podría decirnos en donde parar? ¿Un hotel?- Nos comenta que a 8 kilómetros se encuentra Ilave, y que él va para allá, por lo que se ofrece a acompañarnos. Sí, este hombre es un regalo del cielo, –pensamos los tres en voz alta- ¡No podemos tener tanta suerte! Sentado detrás de mí nos guía hasta el centro de la ciudad y antes de despedirse, nos contacta con los encargados de un hotel a media cuadra de la plaza de armas.

Estamos extenuados, pero felices. Culminamos el día más intenso del viaje, dejando atrás los malos ratos que algún día serán vistos como anécdotas, como parte de un sueño. La ciudad de Puno, por su parte, tendrá que esperar un día más para nuestro arribo.


Video del día
http://www.youtube.com/watch?v=y1GRRKbhuWc

Video de la coima
http://www.youtube.com/watch?v=SkcQkIVr2j0



Tocayo, excelente. Los envidio sanamente, es un viaje que tengo en mente, para dentro de unos tres años, donde pueda cambiar la TW. Estuve mirando algunos videos en YTube, sin desperdicio. Por ahora sigo armando me viaje en la mente, ya llegará. Cuando sea, seguro que a alguno empezaré a pedir datos, y quizás sea uds también.
Le mando un fuerte abrazo y sigan viajando...... saludos
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Notapor Pablito viajero » 15 Dic 2013, 21:26

Pablo de Congreso escribió:
Pablito viajero escribió:Viaje a Machu Picchu en moto: Día 6
Recorrido: Oruro (Bolivia) – Ilave (Perú)
Distancia: 344 km
Tiempo: 11 hs

Para un refresquito

El tránsito en las ciudades grandes de Bolivia se convierte realmente en un caos, y Oruro no es la excepción. Para afrontar uno de los días más difíciles nos levantamos temprano, y tras desayunar y alistar las motos salimos rumbo al norte. La ciudad ya está despierta, y eso quiere decir que tenemos que sortear todo tipo de escollos; desde gente que cruza con carros, hasta motos, autos y colectivos que avanzan o se detienen en donde se les ocurre. Sumado a todo esto, la bocina parece ser un elemento de uso obligatorio para quienes circulan por aquí.
Por la avenida que nos conduce a la salida, una gran feria al aire libre es la atracción –o la oportunidad- del pueblo. Todo se vende y todo se compra; desde frutas y verduras hasta repuestos de vehículos usados. Cuadras y cuadras de un mercado que toma vida junto a la salida del sol. Ya casi descartamos ir a Copacabana, debido a que los cortes de ruta continúan en esa zona. Por ende, el objetivo del día es llegar hasta Puno -también sobre el lago Titicaca pero del lado peruano-.

A media mañana, mientras circulamos por la ruta, nos hacen detener en un control policial. Solicitan nuestros documentos y hablan con Gabriel, hay algo que no me huele bien. Mostrándonos el radar, un oficial nos indica que venimos excedidos de velocidad y que debemos pagar una multa de 200 pesos bolivianos cada uno –al cambio del día algo así como 250 pesos argentinos-. La noticia no nos cae nada bien, sobre todo porque no vimos carteles que adviertan esta reglamentación (la velocidad máxima en Bolivia es 80 km/h) y porque la velocidad que nos muestran grabada en el radar es notablemente mayor a la que circulábamos, pero igualmente estamos en infracción, y sin discutir accedemos a pagar.

Borrón y cuenta nueva. La multa es un golpe a nuestros bolsillos, pero sirve para prestar mayor atención. Unos kilómetros adelante, ya cerca de la ciudad capital, nos vemos envueltos en una situación similar. El procedimiento de parte de la policía es idéntico al anterior; librito en mano con reglamentación vigente, radar con una velocidad grabada de quien sabe que auto -95 km/h-, y quieren cobrarnos una multa por una infracción inexistente.

Gabi explica la situación al policía: -venimos controlando la velocidad con GPS, tiene que haber un error, ya nos han cobrado una multa y no volvimos a excedernos-. Pero el oficial no quiere entrar en razón e insiste en que estamos en infracción.
Al igual que Mabe, yo permanezco inmóvil y nervioso, observo la discusión de cerca y registro todo con mi cámara en el casco, mientras los agentes ni se percatan de esto y siguen adelante con su absurdo discurso: -lo han multado, y sigue usted corriendo ¿cómo es eso? A más de 90 está viniendo señor, usted no mienta-.

Después de unos veinte minutos de palabras que van y vienen, el agente –obedeciendo órdenes de un superior- nos devuelve la documentación retenida, no sin antes volver a intentar obtener un rédito: -les han dado 200 allá, ¿y acá no van a dejar nada?, una “colaboración para un refresquito”. Siento mucha bronca e impotencia al escucharlo y para terminar con esto Gabi le da 20 Bolivianos. Mientras el policía toma el dinero con toda impunidad comenta: -vayan tranquilos, acá no pasó nada…-

Atravesar La Paz agota, el caos vehicular es impresionante. En algunos tramos permanecemos inmóviles, inmersos en un mar de autos, combis, colectivos y gente que va y viene sin respetar ningún tipo de regla. Acá todo está permitido. Mientras el desmedido humo que despiden los vehículos asfixia, las interminables bocinas aturden y estresan.

Ante tanta adversidad, el Lago Titicaca aparece como un regalo. Nos acompaña durante varios kilómetros, calmo y hermoso. Cuando solo está a unos metros del asfalto, nos obliga a detenernos, a contemplarlo… y aprovechamos para tomar aire fresco antes de dejar el país.
En Desaguadero, junto a cientos de turistas de todo el mundo, nos disponemos a llenar los formularios y a presentar los documentos solicitados para ingresar a Perú. Lamentablemente la historia se repite: tanto del lado boliviano como del peruano, somos víctimas del corrupto sistema, que prevé pagar bonos ilegales en concepto de “colaboración”.

Tormenta de bienvenida a Perú

Algunas gotas empiezan a caer mientras el cielo se oscurece. Antes de partir me mandan a llamar de una oficina de Aduana. ¿Y ahora? ¿Qué macana me habré mandado?… pienso por dentro. Nada de eso (por suerte), necesitan que oficie de traductor ante dos parejas inglesas que viajan por Sudamérica en camionetas alquiladas en Argentina, motivo por el cual las nuevas leyes de Perú no les permiten el ingreso. Después de varios minutos mediando entre ambas partes, logramos un acuerdo: las autoridades sellan los papeles para que los turistas ingresen al país, aunque solo por 15 días. Ayudarlos me puso muy feliz y me hizo dejar atrás los malos tragos.

Pocos minutos después de dejar la frontera la lluvia nos alcanza sin vacilar y junto a esta también la noche. Estamos en problemas: la ruta de planicie se convirtió en carretera de montaña, con curvas y contracurvas, que anteceden a los numerosos barrancos. Faltan unos 100 kilómetros para llegar a Puno, y nuevamente nos encontramos con los viajeros ingleses, que decidieron pasar la noche al costado de la carretera. Claro que a ellos les resulta más fácil, ya que sus camionetas están convertidas en motorhome, con todas las comodidades necesarias para aparcar.

No hay pueblos, ni siquiera casas, mientras la lluvia no cesa y los refucilos en la dirección a la que nos dirigimos son cada vez más continuos. Esto es dramático, yendo a 30 km/h. las motos se mueven acompañando los vaivenes de las huellas en el pavimento, llenas de agua. La oscuridad solo es interrumpida por las luces de los vehículos que vienen de frente. -¡Vamos a parar en el próximo pueblo!– le grito a Gabi.
No puede estar pasándonos esto, los pequeños parajes que marca el GPS no tienen electricidad ¡NO HAY LUZ! Sabiendo que nadie nos va a querer atender en una noche oscura y lluviosa, seguimos avanzando, cada vez más despacio, cada vez más mojados y con más frío. Mis lentes están completamente empapados de agua, por lo que se me complica ver la ruta. Aun faltan casi 60 kilómetros para Puno, y a este ritmo posiblemente nos tome unas dos o tres horas completarlos.

Al ver un hombre en la banquina decidimos detenernos. –Disculpe, necesitamos pasar la noche por aquí, ¿podría decirnos en donde parar? ¿Un hotel?- Nos comenta que a 8 kilómetros se encuentra Ilave, y que él va para allá, por lo que se ofrece a acompañarnos. Sí, este hombre es un regalo del cielo, –pensamos los tres en voz alta- ¡No podemos tener tanta suerte! Sentado detrás de mí nos guía hasta el centro de la ciudad y antes de despedirse, nos contacta con los encargados de un hotel a media cuadra de la plaza de armas.

Estamos extenuados, pero felices. Culminamos el día más intenso del viaje, dejando atrás los malos ratos que algún día serán vistos como anécdotas, como parte de un sueño. La ciudad de Puno, por su parte, tendrá que esperar un día más para nuestro arribo.


Video del día
http://www.youtube.com/watch?v=y1GRRKbhuWc

Video de la coima
http://www.youtube.com/watch?v=SkcQkIVr2j0



Tocayo, excelente. Los envidio sanamente, es un viaje que tengo en mente, para dentro de unos tres años, donde pueda cambiar la TW. Estuve mirando algunos videos en YTube, sin desperdicio. Por ahora sigo armando me viaje en la mente, ya llegará. Cuando sea, seguro que a alguno empezaré a pedir datos, y quizás sea uds también.
Le mando un fuerte abrazo y sigan viajando...... saludos


Muchas gracias tocayo! Muy importante lo de tener el viaje en la mente, segui planificandolo mentalmente, vas a ver que el viaje se va a dar antes de lo que tenias planeado...varias veces me pasó así!!!
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