Desde el primer día en que me planteé viajar con Mulán, mi Morocha (mi Zanella 150) recibí comentarios de todo tipo, pero que básicamente se resumen en un "¿EN MOTO y SOLAA.....?". Mi respuesta y actitud fue variando, desde un reposado: "Sí, sola" hasta un menos calmo "No sabía que hacían falta dos para manejar una moto..." (o sea...no me jodas porque estoy harta de comentarios pelo.........).
Cuando sólo tenía ganas y los planes apenas comenzaban a tomar forma, no imaginaba que en el transcurso del viaje respondería esa pregunta muchísimas veces más. Al principio pensé que era una cuestión de machismo (tanto de los hombres como de las mujeres), imaginándome que si yo fuera varón, nadie se animaría a preguntar lo mismo.
Tiempo después, al charlar con un matrimonio de T. del Fuego que se detuvo a hacerme preguntas en San Antonio, pude advertir que en la pregunta "¿EN MOTO SOLAA.....?" está implícita cierta admiracion. No porque lo mío sea extraordinario sino porque implica vencer, básicamente, el temor a la soledad. Este muchacho, Diego, integrante de la Agrupación Los Lobos de Río Grande, me dijo:"yo no haría lo que hacés vos, no tenés con quien charlar, te parás a fumar un cigarrillo, a descansar y estás solo". Con esas simples palabras destruyó mi teoría acerca del machismo imperante en la pregunta repetida. Y me sentí más tranquila.
Pero todo comenzó en diciembre del 2010, ante la sugerencia de una de mis hijas de que comprara una moto. La idea comenzó a germinar en mi mente. Más que germinar creció como la planta de habas de Juanito, aceleradamente y sin detenerse. Tener moto de nuevo me seducía y al comenzar a buscar posibles modelos en Internet me encontré con foros de viajeros en moto que contaban historias envidiables, alucinantes.
Entre tanta lectura sobre motos y mientras esperaba que me la entregaran, el Anillo de Salomón, mi Hada Madrina o la Magia de Harry Potter deben haberme acompañado, porque volví a un foro que había leído meses atrás, aún antes de siquiera pensar en volver a tener moto, el foro de Juntos a la Par. Ya con la Morocha en mis manos consulté allí con respecto al seguro y después de varios intercambios tuve curiosidad por conocerlos. Educadamente (¿temerosamente?) pedi permiso para acercarme a su lugar de encuentro, sin que se me pasara por la cabeza el pertenecer, sabiendo que era un grupo formado exclusivamente por varones y que dada mi escasez de experiencia poco tendría que hacer yo allí.
Finalmente llegué a La Plaza de las Banderas de Neuquén, el lugar de encuentro habitual, el viernes 31 de diciembre. Allí me animaron, me aconsejaron, me dieron el "Tú puedes Pato" que yo tanto necesitaba. Cero machismo de parte de los muchachitos de JALP.
Ya en ese momento me rondaba la idea de viajar al norte neuquino. Inicialmente a Copahue que era el lugar donde, antes de la moto, pensaba recuperar algo de la energía perdida, agregando, tiempo después, un osado "y de ahí hasta Andacollo y Las Ovejas". Después de haber bailado cueca neuquina con el ballet al que pertenezco, me había quedado la curiosidad por verla bailar en origen y la Morocha me iba a permitir meterme bien adentro en el norte neuquino. Definitivamente mi destino tendría que ser Andacollo por la Fiesta del Veranador, y Las Ovejas por la Fiesta de San Sebastián, con tan sólo unos días de diferencia.
Aquella primera vez en La Plaza, expresé mi decisión de viajar a pesar de que tras haber leído a varios viajeros, la cantidad de cosas que necesitaba superaba ampliamente mis posibilidades de compra. Como suelo hacer, dije: "Yo me voy, no sé de dónde voy a sacar lo que necesito, pero me voy". Y como el haberlo expresado en voz alta me comprometía conmigo misma, no tuve más remedio que hacerlo.
En 15 días fui consiguiendo aquello que consideraba necesitaba y que al principio me resultaba imposible. Comprado, prestado o recuperado del altillo todo llegó. Una prueba de la Ley de Atracción. No hay otra explicación. Había leído TANTO sobre viajes en moto, TANTO sobre mi lugar de destino, que en mi mente ya había viajado. Había recorrido la ruta visualizándome tranquila, segura y disfrutando. Había sentido como los vehículos me pasaban "finito" sin que me sobresalte y como me "chupaban" los camiones cuando me rebasaban mientras yo mantenía el rumbo. Me había visto llegar sin ningún inconveniente hasta Las Ovejas. Había sentido la vibración de la música en mi cuerpo, imprimiendo vida a movimientos nuevos. Había conversado durante horas con la gente del lugar. Había disfrutado tanto, mucho, y más. Y así fue.
Y llegó el día: 14 de enero de 2011. En la partida, el apoyo inigualable de Marquis, mi yerno, que me ayudó a acomodar las alforjas y de mi hija Lia que siempre está en la logística. Todavía no había salido y ya estaba despeinada, descontracturada, una señal de que en este viaje nada iba a ser convencional.
Largando al aire el infaltable "GO, GO, GO", que comparto con mi hijo cada vez que salimos en moto, allá fui.
Salí de casa y cargué nafta en la Shell de Centenario donde recibí las primeras miradas extrañadas. Empezó a aflorar mi siempre latente susceptibilidad y debo haber endurecido la expresión, evitando así las preguntas. Sólo hubo un tímido " ¿A dónde viaja?" cuya respuesta provocó unas cejas arqueadas más allá de lo normal.
Me costó salir de Nqn por el tránsito de la mañana, y al pasar Senillosa comprobé que los guantes que tan esmeradamente había elegido dejaban pasar más frío del esperado. Seguí hasta Huincul adueñándome del centro del carril, bien o mal, me sentía más segura así. Allí tomé un café y continué hasta Zapala donde después de 50 minutos de cola pude cargar nafta. Al girar hacia Las Lajas comencé a sentir latir más fuerte a mi tierra. Una sensación de pertenencia que sólo se puede percibir viajando en moto. Siempre dije que Neuquén posee una fuerza magnética que me lleva a vibrar junto a ella, pero nunca la había experimentado de esta manera.
Almorcé en Las Lajas y unas cuantas horas después, llegué a Chos Malal, luego de luchar contra el viento que más de una vez hizo que me imaginara 20mt barranco abajo, a pesar de que todavía había asfalto.
Plena siesta, nada abierto, hambre y sed…Dispuesta a continuar viaje, cargué nafta en la única estación de servicio, que sólo tenía Ultra y un empleado que, continuando la tradición machista que ya venía advirtiendo en el camino me dijo: "¡¿Sóla hasta Andacollo?!, Mire que el camino está muy malo, es peligroso, es muy sinuoso, y angosto ..Fíjese qué hace...". ¡Qué mala onda por favor!. Se supone que el turismo en la zona favorece a todos, ¿por qué tratar de desanimarme así?. El que pasa en versión gasolera como yo, puede ser un agente de difusión de la zona visitada al volver a su lugar de origen. No hay turistas más o menos importantes. Hay turistas. Y dar información incorrecta no contribuye para nada.
De más está decir que, si en algún momento y ante el cansancio que ya tenía, había pensado en no continuar, ese comentario me energizó lo suficiente como para no bajar los brazos. Así fue que seguí viaje, esperando encontrar a cada momento los peligros anunciados, cosa que nunca sucedió. El viento me siguió castigando y mi velocidad seguía bajando. Creo que en partes iba a 20km/hora, sin exagerar. Pero tuve mi recompensa.
Camino a Andacollo, mi bella tierra neuquina me mostró esta bucólica conjunción de cielo claro, aire puro y doradas elevaciones. Por estos lados grité mi primer "Te amo Patagonia!!!!!" (sin ninguna vergüenza ya que sólo mi Mulán me escuchaba).
Unos km antes de llegar a Andacollo me detuvo un control de gendarmería. La documentación en regla y.....la actitud ya habitual en ese momento: "¿A dónde va?" y, mirando hacia atrás en el camino, "¿Dónde viene su grupo?". "No, viajo sola", mi respuesta. Y este buen señor se despacha con un " Mire señora, yo le aconsejo que se vuelva a su casa, no es conveniente que una mujer sola ande en moto por estos lugares..". ¡MACHISTAAAAA!...y la PMQLP!. Pero no fue éso lo que respondí, me tomé un segundo para pensar y le dije: "¿Usted es casado?", "Sí", "Y está trabajando acá, lejos de su casa...", "Sí". "¿Usted sabe dónde y con quién está su mujer en este momento?". Mirada furiosa de su parte y un cortante "Circule señora" fueron la conclusión de este incidente. Que no sería el último.
La ruta, si bien tenía lo suyo: ripio suelto, camino en construcción, pendientes y curvas, se me hizo complicada por mi falta de experiencia. Dos errores: agarrarme con demasiada fuerza cuando debería haber ido atenta pero con los brazos relajados, y la otra, bajar la velocidad ante los montículos de piedras o desniveles en la ruta, debí haber sostenido la velocidad.
Llegué a Andacollo a las seis y media de la tarde. Una locura. Paré millones de veces para descansar los brazos y la cintura. Y todavía tenía que instalarme en el camping, cosa que hice mientras respondia una vez más con paciencia :"Sí, en moto". "Sí, sola".
Me duché y me acosté para descansar antes de ir al "centro" para unirme a la fiesta. Pero el cansancio pudo más y dormí hasta el día siguiente.
Nadie dijo que solo las motos honda Yamaha Suzuki etc son las únicas que se pueden usar para viajar!