Sres. Moderadores:
Se me ocurrio abrir este tema que si bien no tiene nada que ver con nuestros temas Motos, puede que existan socios que les agrade la lectura. Lo postie en este lugar para que lo ubiquen o lo saquen de acuerdo a vuestro criterio.
Saludos y desde ya que lo disfruten
EL SEÑOR
Los ojos del cuadro miran hacia todos lados.
Las paredes se ocultan, tras los libros de colores apilados ordenadamente,
Un reloj de péndulo con números romanos marcan una hora que no es.
Una ventana del lado derecho, con cortina de tela color carmín.
Un escritorio de roble oscuro, muy grande.
Una tenue luz artificial invade la habitación.
Un perchero de hierro negro.
Un macetero colgante.
Tres sillas de madera talada, con tapiz de pana bordó oscuro.
Una alfombra sin color cubre la totalidad del ambiente.
El señor sentado al centro del escritorio, irradia un nerviosismo continuo, vestido por un traje gris, igual al contorno de su imagen.
Inmutable, casi un objeto mas, de una edad indefina, su barba blanquecina y su calva incipiente a penas resaltan, sus movimientos son muy lentos y espaciados.
Lee el diario detenidamente a un ritmo similar casi mecánico. Levanta sus pequeños anteojos de a ratos o los limpia con un pañuelo, así durante horas.
El reloj da las doce, el señor detiene su lectura, se levanta, mira el diario de lejos, se sienta y vuelve a leerlo, baja su cabeza y sube los anteojos, acerca el diario, se encorva, vuelve a leer, se para, gira, levanta sus manos a la cabeza, llora.
Busca, camina, balbucea y mira, se miran los dos, las miradas buscan un solo objeto, ese libro color marfil, en lo alto de la pared derecha, cerca de la ventana, lo alcanza, lo abraza, lo acuna, lo abre y lo cierra, vuelve a dejarlo en su lugar. Se sienta y continúa con su rutina.
Abre el diario y nuevamente el mismo ritmo, una tras otras las paginas pasan…
Un sonido, la puerta que se abre y su esposa interrumpe…
Las miradas hablan con sus cuerpos.
El Señor da un salto, se incorpora, se miran, se devoran, se encuentran.
Ella lo abraza, el se resiste, ella lo maldice, el calla y la mira, y mira y miran los tres, en lo alto de la pared derecha, cerca de la ventana, ese libro color marfil.
Enmudecen, se persignan y oran.
El viejo alquimista logró su triunfo.
MACH