No soy cordobés, pero vivo en Córdoba hace 13 años, y en mi corta vida jamás he visto algo parecido a lo que ocurrió esta semana. Iba a volcar este pensamiento en el post del Impuestazo, pero creo que este tema merecía un lugar apartado, porque no se trata de políticas, ni de cuestiones económicas, ni de motos en absoluto.
Se trata de lo triste que estoy, como Argentino, de verme traicionado por mi propio pueblo, por mis hermanos Argentinos. Habrán visto por la tele (los córdobeces lo vimos por la ventana nomás) esas imágenes que parecían sacadas de algúna ciudad del Africa, o de post guerra.
Sin tocar el tema de fondo que dió pié a la situación, que fue el acuartelamiento policial, ayer la sociedad no sufrió una fractura, sino que la fractura quedó expuesta. Fue desesperante ver como vecinos, gente que uno se cruza todos los días en el mismo bondi, gente que te encontrás en la misma cola de la caja del super, gente que te toca el timbre para pedir ropa usada, acechaban como buitres la propiedad ajena.
Pude distinguir 3 clases de personas entre los perpetradores. Los organizados que hacían los raid en patota para violentar y penetrar las defensas de los negocios, los saqueadores (aunque me gusta más llamarlos ladrones) que con total desprecio por el perjuicio que le causaban al prójimo vaciaron y vandalizaron la propiedad ajena, y por último el vecino curioso, que no le pareció mala idea aprovechar la oportunidad para llevarse algo también.
No entiendo en que momento de la conciencia humana, una persona se puede sentir "habilitada" para llevarse lo que no es suyo, no entiendo como la gente puede de un momento a otro descerebrarse y que le parezca buena idea robar, incluso gente que no roba como hábito de vida.
No hubo saqueos, hubo robos, hubo vandalismo, hubo inconciencia colectiva.
Me pone muy triste saber que la sociedad está corrompida en tal extremo. Siempre me gustó pensar que se trataba de un pequeño margen de la sociedad que era inadaptada para vivir en comunidad. Pero no, estaba equivocado. Ayer, cientos, incluso miles de personas dejaron al desnudo la falta de educación comunitaria, el desprecio por el prójimo, la crisis de la sociedad actual.
No se trató de un estallido social, de una protesta, de hambre. Solo hizo falta un momento de anarquía para que el caos se evidencie. Shockeante es la cantidad de personas, que al saberse libres de elegir ser gente de bien o de mal, eligieron el mal. Es como cuando no hay inspectores de tránsito y ponerse a ver quien cruza en rojo y quien no.
Y lo que más me tortura es, cómo hace esta gente para salir al día siguiente, y seguir su vida normal, mirando la cara del vecino que ayer insultaron con su desprecio, saludando en la parada del bondi al que ayer dejaron en ruinas, sentándose al lado del que ayer golpearon sin miedo a ser juzgado, y lo peor de todo, como hacen para sentarse a la mesa con sus familiares, con sus amigos, con sus hijos, y no sentir verguenza por lo que hicieron. Que clase de lección de le dan a sus hijos, cuando para navidad el arbol va a estar lleno de cosas robadas.
No hay justificación para estos actos, como tampoco hay consuelo para el que lo perdió todo. Hoy es un día muy triste, porque nos miramos en el espejo, y no nos gustó lo que vimos.

