Hola amigos. Paso a hacerles una crónica del viaje:
El 10 de noviembre, los cinco integrantes del grupo salimos desde Junín para hacer los 700 kms que nos separaban de San Rafaél, por la ruta 188. En un día casi sin viento y con el cielo despejado la mayor parte del camino, viajamos sin contratiempos a una velocidad de 100-110 kms por hora. Ya en San Rafaél, alquilamos una cabaña y después de unas pizzas con champag...no,no,...con agua saborizada y cocas, nos fuimos a dormir.
Al día siguente, y de acuerdo a horario fijado, partimos hacia el Cañón del Atuel. Recorrimos todo ese trayecto espectacular, la mayoría de ripio (algunos nos salimos del camino para jugar un poquito entre las dunas, en unos circuitos de cuatriciclos) y a muy baja velocidad disfrutamos de los primeros paisajes de montaña del viaje. Pasado el mediodía llegamos al Nihuil y después, continuamos el viaje hacia Malargüe que se hizo muy lento por diversas paradas de todos o casi todos los integrantes del grupo. Paramos en una estación de servicios a cargar combustible y descansar (yo, principalmente, estaba destruído y con bastante dolor de espalda, pero un speedy y medio, una pastilla de rogastril para el estómago, un solocalm flex y unas piadinas de verduras, en media hora me transformaron en Robocop). Eran más de las cuatro de la tarde y nos faltaban unos 330 kms para llegar a Chos Malal, que era el último destino de ese día. Con un poco de ansiedad, encaramos la ruta 40, pensando en las pocas horas de sol que nos quedaban y en los tramos de ripio que, según muchos comentarios, estaba en muy mal estado. Sin embargo, a medida que avanzábamos a buena velocidad (entre 60 y 80 kms por hora) nos fuimos dando cuenta que lo podíamos hacer sin inconvenientes. Incluso Manda, con la Twister, iba a la par nuestra. Con los kilómetros, los tramos de ripio y asfalto se iban alternando, con largos trayectos de obra para asfaltar. Un grupo de cinco beemistas de Ezeiza nos superó, pero a medio camino, en un puente, nos encontramos con ellos y pude charlar un momento mientras sacábamos algunas fotos del rio encajonado entre paredes de piedra. A partír de allí, el camino se hizo más pedregoso así que Manda y yo viajamos despacio mientras el resto de los muchachos se adelantaba a mayor velocidad. Cuando el sol caía, un poco antes de las 9, llegamos a Chos Malal. Mi moto pudo realizar el enlace Malargüe-Chos Malal que, como ya comenté, es de unos 330 kms, sin necesidad de utilizar el combustible del bidón de apoyo.
La mañana del 12 de noviembre nos recibió con un cielo sin nubes y una temperatura muy agradable que nos permitía, ya desde temprano, andar de mangas cortas (por suerte, el clima nos acompañó todo el viaje). Los primeros en levantarnos aprovechamos para acomodar nuestras motos para la nueva jornada. Incluso, yo saqué el filtro de aire y verifiqué que estuviera en óptimas condiciones porque que antes de salir de casa le coloqué uno de origen chino muy económico ($ 50.-) que me habían recomendado ya que el original cuesta más de $ 400.-
Después del desayuno emprendimos el camino a Copahue y Caviahue. A poco de dejar Chos Malal, tomamos la "ruta" 6 que es un hermoso camino de ripio de unos 160 kms. Rodamos por zigzagueantes caminos de cornisa; atravesamos cuestas, valles y quebradas; cruzamos puentecitos de madera sobre rios de aguas cristalinas. Pasamos por los pueblitos de El Cholar y Huecú. En El Cholar que debe tener una población de no más de 500 habitantes, nos reagrupamos. Mientras estábamos en eso y dudábamos qué camino tomar para continuar el viaje, se me acercaron dos policías y me pidieron la documentación: ¡Claro! Seguramente hacía años que no veían foraneos por esos lares y tenían "curiosidad"...y cayó el boludo. Luego, continuamos el viaje a buena velocidad. Poco antes de llegar a Huecú, yo venía entusiasmado a la cola del grupo, por un camino de cornisa. Al llegar a una curva, vi que entraba muy pasado, entonces metí un rebaje y como no alcanzó toqué los frenos con suavidad, pero igualmente me salí del camino y casi milagrosamente pude llevar la moto por una pequeña cuneta. Por suerte, esto me pasó del lado de la montaña, si era sobre la cornisa, todavía me están juntando.
Faltando unos 30 kms para llegar a Copahue, el camino se puso áspero, con piedras sueltas, serruchos y algunos guadales que dificultaron nuestro andar. Unos 10 kms más adelante, nos desviamos unos metros de nuestra ruta para observar la hermosa Cascada del Agrio. Más tarde arribamos a Copahue.
Cuando íbamos llegando a Copahue, podíamos observar grandes bloques de hielo distribuídos casi por todos lados, pero también grandes parcelas de terreno de las que brotaban infinidad de burbujeantes hilos de agua hirviente. En esos lugares, uno podía ver cartelitos que advertían del peligro de acercarse.
Copahue es una pequeña villa turística ubicada a casi 3000 msnm que en noviembre todavía está absolutamente desierta de gente. Cuando llegamos, nos encontramos que las casas, negocios e incluso los edificios públicos estaban cerrados, con las ventanas selladas con maderas para protegerlas de la nieve. Para nuestra tranquilidad, podíamos observar cerquita, cerquita, la chimenea del volcán (tal vez, es el que le da nombre a la villa) que arrojaba una estela blanca de vapores calientes. En ese lugar casi fantasmal, solo vimos un puñado de obreros en el centro termal compuesto por unas cuatro piletas de grandes dimensiones que, seguramente, estaban trabajando para poner a punto el lugar para la temporada venidera. Uno de esos obreros nos dijo que, si queríamos meternos, podíamos hacerlo...pero que eligiéramos bien en qué pileta lo haríamos porque el agua de algunas es de casi 100º. Mientras El Gringo y Adrián se alejaban para almorzar en Caviahue, Nestor y yo nos poníamos los shorts de baño y Manda también se quedaba para las fotos de la vergüenza. Una hora más tarde y después de un baño reparador en esas aguas milagrosas que brotan de la boca de un volcán, arrancamos para Caviahue. Una vez allí, fuimos al único kiosco que había abierto y picamos lo que pudimos (yo, un pan dulce Pamela) y a los pocos minutos estábamos en la ruta hacia el sur. Después tomamos la 22 que lleva a Chile por Pino Hachado, pero antes de llegar al paso, nos desviamos otra vez al sur por un hermoso camino de ripio enmarcado por bosques de araucarias. Más adelante, Manda, El Gringo y Adrián fueron directo a Aluminé y alquilaron dos habitaciones en un lindo apart hotel. Nestor y yo, elejimos ir a Villa Pehuenia a tomar unas cervecitas y después, ya casi de noche, nos reunimos con los muchachos en Aluminé.
Continuará...